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El As Bajo el Manga: «Gantz» de Oku Hiroya – Mucho merengue para poca torta

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(Caracas, 12 de Mayo. Yakuza Webzine).- Han sido ocho largos años desde que mis ojos se posaron en el capítulo uno de Gantz, tercera obra larga del autor Oku Hiroya, y en múltiples ocasiones me he hecho esta pregunta: ¿Qué le ven a esto? He tenido que analizarlo lentamente, procesarlo en mi mente y conjeturar las razones que hicieron que continuara leyendo el comic sin abandonarlo y olvidarme de su existencia. Pero había algo que me hacía continuar leyendolo, y ahora que he leído el último tomo de esta historia, creo que ya conseguí la respuesta.

Y todo se resume en una palabra: Morbo.

Lea nuestra crítica positiva de Gantz

Esa es la respuesta a mi gran pregunta acerca de qué era lo que me obligaba a continuar Gantz, pero la gran pregunta acerca de ese morbo seguía sin aparecer. ¿Era solo morbo lo que me obligaba? ¿No había algo más debajo del festival gratuito de sangre y sexo de los primeros tomos? Estas cuestiones eran dignas de análisis, y comparto con ustedes mis conclusiones.

La historia ya es harta sabida: dos personajes odiosos de distintas maneras, Kei Kurono y su amigo Masaru Kato, mueren aplastados por un vagón de tren, y terminan apareciendo en una habitación con una enorme bola negra, y más gente muerta. La bola negra se abre, les brinda armas, les asigna una misión para volver a la vida, y al carnaval de vísceras nos acabamos metiendo.

Y eso es todo durante los primeros diez tomos: Sangre, visceras, sexo desenfrenado y seudofilosofías baratas que no nos llevan a ninguna parte. Un contenido soso, hueco, sin vida ni forma, como ver una producción multimillonaria acerca de una niña que juega con su colección de muñecas, y sin embargo el morbo de conocer nuevas formas de hacer sangrar y eviscerar al enemigo seguían latentes, además de preguntarse cuanto tiempo tardaría el autor en dibujar a otra mujer desnuda sin necesidad.

Pero todo cambió cuando el tomo diez apareció, en particular, el debut del único personaje que llenó de vida la historia, le dio un propósito a nuestro fastidioso héroe Kei Kurono, y una dirección a la historia: Tae Kojima.

Aunque la historia está dividida en tres fases (finalizando con la llamada Catástrofe), a mi parecer la historia solo tiene dos partes: Antes y Después de Tae Kojima, una compañera de clases de Kei Kurono que tiene atributos humanos reales: Poco pecho, rostro angelical, timidez propia de su edad, entre otros rasgos que la hacen empática con el entorno. En una escuela llena de tetas siliconadas y cabezas huecas, la sencillez de Tae Kojima resulta lo único relevante de la historia, al punto que hizo que este servidor continuara leyendo solo para saber cual sería su destino.

Sin embargo, a pesar de la existencia de esta jovencita tan adorable, el comic sigue teniendo enormes fallas de argumento, dirección, tono narrativo y desarrollo de personajes, llevándonos por innumerables huecos argumentales que quedan sin solución, como la existencia del clan de Vampiros de la segunda fase, que pasan sin pena ni gloria; el origen de los poderes de Sakurai, el destino del pequeño Takeshi cerca del final de la obra, o incluso la duda sobre lo que ocurre con el odioso Nishi poco antes del final, y me quedo corto por la necesidad de ser conciso con mis caracteres.

Pero tengo que reconocer que, después de profundizar en páginas de relleno argumental vacuo, conocer lo que el autor planeaba para el final de la obra me sorprendió. Así como cuando hablé en la reseña pasada de la saga de Hades de Saint Seiya, en Gantz vemos el mejor momento de la narrativa justo al final, donde los momentos de acción finalmente se tonifican, y la violencia se ve justificada en medidas bastante acertadas, jugando bastante con la moral del lector. Y este fue el segundo momento agradable que encontré al seguir leyendo hasta su final, pero decepciona que la mitad de las preguntas apenas se contestan, dejando la historia con más huecos que cualquier avenida de Caracas.

Sobre el dibujo, quizá estemos con el más logrado de los trabajos del autor. La utilización de la computadora para dibujar le dió bastante dinamismo al trazo del autor, trayendonos detalles corporales en «cierta» medida proporcionales, con el defecto de convertir a las mujeres (en su mayoría) en maniquíes que solo sirven para mostrar trasero y busto. Pero el detalle de los fondos, el ambiente y el manejo de los planos ha sido realmente bien trabajado, sumergiendo al lector en los combates, en los momentos dramáticos, y en algunos momentos, en el día a día del personaje. Lastima que solo sirvieron para enfatizar la habilidad del autor usando las tabletas de dibujo que en sincronizar las viñetas con el argumento, por lo menos durante los primeros 20 tomos.

Una reflexión para concluir: Una historia en cualquier medio debe tener una estructura argumental sólida en si misma. Puedo aceptar la violencia y el sexo en una historia siempre y cuando tenga una lógica interna en el argumento. No basta con mostrar cuerpos en poses seductoras con una carnicería de fondo. Y en esto fracasan los nueve primeros volumenes del comic. A partir del tomo diez, con el debut de Tae Kojima, la perspectiva cambia, pero aún sigue fallando en su propia lógica. Solo cuando empieza la tercera fase, cuando el autor decide dirigirse al final, es que el potencial argumental aparece. Y tristemente se queda en el potencial.

¿Era solo morbo lo que me obligó a seguir leyendo? En los primeros diez volumenes si. Gracias a Tae, el único personaje que vale la pena, esto cambió. Fue demasiado merengue chicloso para tan poca torta.

Le doy 1 de 5 estrellas.

Por Tulio Ramírez (star_knight80@hotmail.com)

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