(Madrid, 3 de octubre. O’kuroku).- Una vez más es momento de rendir homenaje a un anime que marcó mi vida de alguna manera y en este caso voy a dar un salto enorme en años, de uno de mis primeros animes a uno que vi siendo ya un adulto: Fullmetal Alchemist.

Cuando se estrenó, el 4 de octubre de 2003, tenía 21 años camino de los 22. En esa época el modo de consumir anime había cambiado mucho. Los tiempos de ver anime en televisión estaban empezando a quedar atrás, y ahora la opción era recurrir a ciertos resquicios del Internet donde amables fans hacían el esfuerzo de aprender japonés y aprender a subtitular para poder proveer acceso al resto de sus “hermanos” menos dedicados.

Era una nueva era, y la serie original de Fullmetal Alchemist fue una parte fundamental de ella. Entonces había que esperar unos días luego del estreno de una serie en Japón para poder empezar a verla, y FMA 2003 ya empezaba a hacer ruido en foros online como una de esas que no podías dejar de ver. Y no era la única, de esa temporada de otoño de 2003 forman parte varias joyas, pero ninguna como la primera adaptación del manga de Hiromu Arakawa.

Fullmetal Alchemist 2003, una serie que merece respeto

La historia de los hermanos Elric me llegó en un punto en que ya me consideraba un experto en anime. Después de todo llevaba la mayor parte de mi vida consumiendo este tipo de obras, así que pensaba que nada me podía sorprender. Pero como suele ser el caso, un anime bueno es capaz de destruir la coraza del fan más hastiado. Fullmetal Alchemist llegaba con la etiqueta de shonen de fantasía y luchas, pero era mucho más que eso.

Ante todo era un relato sobre el amor filial, y sobre cómo estamos dispuestos a hacer toda clase de sacrificios por nuestra familia. La relación de Edward y Alphonse, y el camino que recorren para redimirse y salvarse el uno al otro es conmovedor. Siendo niños cometieron un error, y lo pagaron muy caro, pese a la premisa del intercambio equivalente que abanderaba la historia. Su lucha por enmendarlo en esta serie fue desgarradora, pese a los momentos de comedia con los que la serie buscaba equilibrar las tragedias.

Fullmetal Alchemist 2003 hoy en día es minimizada, ante la mayor popularidad de Fullmetal Alchemist: Brotherhood, una revisión de la serie que resume sus inicios y luego adapta el resto del manga original. La razón de ese desdén es el purismo de los fans ante los muchos cambios respecto a la historia de Arakawa, ofreciendo un final original y cambiando elementos clave del manga.

Sin embargo, eso no quiere decir que sea un producto inferior. En todo caso, su manera de abordar el inicio de la historia es mucho más completo y las partes canónicas están mejor adaptadas que en Brotherhood, que aceleró para llegar a “lo bueno”, o mejor dicho, lo que faltaba. Además, el material original del anime está muy bien escrito por Shō Aikawa, quien logró hacer suyos los temas de Arakawa y darles un giro a menudo más trágico que el manga.

Uno de esos cambios de vital importancia es la explicación de cómo nacen los homúnculos, que es quizás excesivamente cruel con Edward y Alphonse, por no hablar de Izumi Curtis y el resto de los responsables de “dar vida” a estos monstruosos seres. Personalmente me gusta más como lo plantea el manga original, pero no deja de ser una forma de “justicia poética”, el castigar así a los humanos que pretendían jugar a ser Dios.

También fue particularmente brillante el multiverso que planteó esta primera adaptación. Amestris no solo tenía un obvio paralelismo con la Alemania Nazi, sino que la obra conectó ambos mundos en la película de 2005 Fullmetal Alchemist: Conqueror of Shamballa, en la que Ed termina en la Alemania de 1923, pocos años antes del ascenso al poder de Hitler.

En definitiva, pienso que esta serie merece más respeto del que recibe. ¿Pero cómo me cambió la vida?

FMA 2003 fue parte de un momento clave en mi vida. No solo fue una serie que me sorprendió por su calidad y por como empujaba los límites de lo que un shonen popular podía hacer, sino que además fue la serie puntera en un año en que mi relación con el anime saltó a otro nivel. En noviembre de ese año, mientras estaba en emisión, junto con Gungrave, Planetes, Cromartie High School y otras 6 series que vi esa temporada, salió al aire mi programa de radio, Yakuza “El Show de los Mafiosos”.

Fullmetal Alchemist estuvo allí justo cuando emprendí el viaje que eventualmente llevó a la creación de este sitio web. “Melissa”, su primer opening, interpretado por Porno Graffiti, fue uno de los temas que hice sonar en una radio comercial en la Venezuela de 2003 y 2004. Por no hablar de “READY STEADY GO” de L’Arc~en~Ciel, “Undo” de Cool Joke o “Rewrite” de Asian Kung-Fu Generation.

Cuando miro atrás a esos años en los que aún iba a la universidad en Maracay y veía anime como si no hubiera un mañana, es imposible no recordar los buenos momentos que me dieron los 51 episodios de Fullmetal Alchemist 2003. Por eso este 3 de octubre no puedo no rendir homenaje a esa joya diferente, pero tan valiosa como Brotherhood.

Por Amílcar Trejo Mosquera (@senseiagot)

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