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The Force Awakens, una partitura ejecutada a la perfección por J.J. Abrams

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(Madrid, 19 de Diciembre. Yakuza Webzine).- No se preocupen, esta reseña no contendrá spoilers. Star Wars: The Force Awakens se estrenó y el resultado fue el anhelado: no lo han arruinado. Al contrario, se ha creado un puente entre el pasado y un futuro promisorio para la Galaxia.

Mucho se especuló sobre la dirección que tomaría Disney al momento de adquirir las empresas de George Lucas y con ellas la franquicia galáctica. Mayores fueron las dudas, pero también las esperanzas, cuando J.J. Abrams fue el elegido para tomar las riendas de Episodio VII.

El reto era supremo. La primera película de la nueva trilogía de Star Wars no solo debía ser mejor que las precuelas, debía estar a la altura de la magia que tuvieron los episodios IV, V y VI.

La tarea se antojaba dificilísima, sobre todo porque las audiencias de hoy en día son muy cínicas y han perdido la capacidad de asombro, la capacidad de soñar… Y eso es culpa de la misma Star Wars. Cuando se estrenó en 1977, el film de George Lucas cambió el mundo para siempre.

Ahora las superproducciones están a la orden del día, los grandes efectos especiales son la norma y las historias de héroes están todas contadas, no solo en el cine, también en la TV y videojuegos. Eso sin contar con que la literatura moderna y antigua está saturada de historias similares.

Sin embargo, The Force Awakens estuvo a la altura de las expectativas y J.J. Abrams, disfrazado de John Williams, dirigió a la perfección una orquesta, integrada por Daisy Ridley como primer violín, acompañada justo al lado por un “músico” experimentado, un Harrison Ford más que correcto y que se reconcilió con esta fantasía espacial.

Completaba el grupo central de la orquesta un John Boyega que sorprendió, Adam Driver y Oscar Isaac. En la periferia teníamos a Carrie Fisher, Lupita Nyong’o, Andy Serkis, Domhnall Gleeson, Anthony Daniels, Peter Mayhew y Max von Sydow, todos aportando desde sus “instrumentos” a hacer más rica la melodía que cerró con Mark Hamill, el proverbial “McGuffin” del film.

La “orquesta”, encabezada por Abrams, se limitó a tocar una partitura conocida pero con algunas nuevas notas y lo hizo con la dosis justa de precisión técnica y sentimiento. Se trató de una melodía escrita por Lawrence Kasdan, un viejo conocido de la Galaxia, junto al propio J. J. Abrams y Michael Arndt.

No se trató de la novena sinfonía, fue simplemente un nuevo movimiento de una opera que empezó a retumbar en la cultura popular del mundo hace 38 años. Pero no se trató de un giro extraño, como el que quiso hacer el creador original de la sinfonía, uno preñado de buenas intenciones pero mal ejecutado. The Force Awakens ha sido una continuación natural de la música originaria. Esa que en 1977 cambió el mapa del cine mundial para siempre.

Cuando entren a ver The Force Awakens no esperen algo novedoso. J.J. Abrams no inventó la rueda con esta película, lo que hizo fue hacer Star Wars. Una nueva Star Wars, pero la misma de siempre.

Una película para unir el pasado con el futuro

En muchos sentidos esta película es un espejo de Episodio IV: A New Hope y no debería sorprender. Rey, el personaje interpretado por Daisy Ridley tiene el mismo rol que Luke Skywalker tuvo en el film original, ser los ojos de los espectadores.

Sin embargo, contrario a Luke, que soñaba con un futuro de aventuras, Rey estaba atada a su pasado. Otro gran elemento de la narrativa del film es Han Solo, quien toma el papel de mentor, pero nunca pretendiendo ser un nuevo Obi-Wan Kenobi, para nada. Se trata del mismo rufián de siempre, solo que más viejo y más maduro.

La novedad en la melodía es Finn o el Stormtrooper FN-2187, quien nos presenta ese otro lado hasta ahora desconocido, sin rostro, anónimo. Alguien que la única realidad que conoce es la del antiguo Imperio Galáctico, hoy representado por la First Order, un grupo de fanáticos que intenta restaurar la dictadura imperial.

Es Finn quien debe enfrentar la prueba más difícil, la renunciar a todo lo que conoce y resistir la urgencia de huir. Esto lo hace apoyado por el sentimiento de amistad hacía Rey y admiración hacía Poe Dameron (Oscar Isaac), un valiente piloto rebelde.

Del otro lado de la acera tenemos a un villano muy particular, Kylo Ren, sobre el que no daré detalles para evitar spoilers, pero que enfrenta un dilema que ya conocemos de alguien antes, aunque con un twist muy particular, para diferenciarse en algo de lo ya conocido.

En general la estructura del film fue concebida para ser justamente lo que es, una película de Star Wars. J.J. Abrams no corrió más riesgos de los necesarios y en eso fue sabio. Demasiada “creatividad”, como la que quiso ejercitar George Lucas, podía alienar a fans nuevos y viejos. Del mismo modo, demasiado miedo a subvertir el orden natural, podía resultar en una película cobarde.

De hecho, si bien la película puede ser considerada una evolución natural de la estructura de los films anteriores de la saga, se ahorra los “pecados” evidentes en películas de más de 30 años de antigüedad. Estamos de vuelta a casa, pero no se trata de una casa envejecida, sino de una remozada que ha eliminado las grietas en la construcción y solidificado las bases.

Esto es evidente en la ejecución magistral de cada uno de los elementos técnicos del film, hechos para recrear la experiencia más orgánica posible, aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías sin renunciar a las texturas y al encanto de lo vintage.

El trabajo de Dan Mindel en la cinematografía fue excepcional, pero no cabía espera menos de un veterano que ha trabajado antes con Oliver Stone, Tony Scott, los hermanos Farrelly y el propio J.J. Abrams. Mención especial a la edición, a cargo de dos talentosas damas, Mary Jo Markey y Maryann Brandon, quienes dotaron al film del muy necesario dinamismo que requería. ¿Y que decir de John Williams que ya no se haya dicho? Una vez más la banda sonora es sencillamente perfecta.

Como veredicto, desprovisto de apasionamiento, The Force Awakens fue una experiencia fílmica redonda, que cumplió a la perfección su cometido, hacer un puente entre el pasado y el futuro de una franquicia que ha despertado la imaginación de varias generaciones. No es ni mucho menos una película perfecta, pero es, parafraseando a Han Solo, como volver a casa.

Por Amilcar Trejo Mosquera (@senseiagot)
Fotos: Lucasfilm

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