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Malcolm & Marie: en la guerra y en el amor todo se vale

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Malcolm & Marie

(Bogotá, 4 de abril. O’kuroku).– El creador de Euphoria nos presenta una producción con una Zendaya un poco más adulta y con muchas ganas de discutir con John David Washington.

La vida en pareja es como una montaña rusa. Cuando dos enamorados se proponen a subirse a ésta, lo más probable es que estén emocionados, porque los dos van a emprender un nuevo viaje. Al adentrarse en esta experiencia, todo puede llegar a ser tremendamente satisfactorio al principio, pues el vagón va de subida. Lastimosamente, factores internos y externos atentan contra la relación y es ahí donde empieza la verdadera prueba. Un pico alto del circuito puede ir seguido de una bajada terrorífica. Estos altibajos se encuentran en todo el trayecto y la constancia de estos depende de las decisiones y las actitudes que se tomen.

A causa de este turbulento viaje, los conflictos entre los individuos se pueden volver constantes y deben manejarse con precaución. La acumulación de disconformidades que no se dialogan, con el tiempo, los dirigirá lentamente a un punto de no retorno. Un problema más puede ser la gota que colme el vaso. Lo anterior, puede desembocar en una guerra verbal como la vivida por los protagonistas de esta cinta.

«Malcolm & Marie» es un largometraje dirigido y escrito por Sam Levinson, creador de la exitosa serie de tv Euphoria. Esta es la historia de una pareja conformada por el director de cine Malcolm Elliot (John David Washington) y su novia Marie Jones (Zendaya). Justo después de celebrar la premiere de la última película del cineasta, llegan a casa para embarcarse en una discusión. Dicho conflicto los dejará a los dos con los sentimientos a flor de piel y pondrá a prueba la relación.

Una discusión llamativa

Sin duda, una de las cosas que más se puede destacar de la película es el guión de Levinson. Los diálogos que plantea en forma de discursos se encuentran muy bien estructurados. En la acalorada discusión que mantiene la pareja podemos ser testigos de intervenciones llenas de egocentrismo, exageración, sarcasmo, contradicciones e insultos, entre otros. Una mezcla perfecta de elementos que hacen que el espectador se mantenga atento y se interese por averiguar quién va a imponerse al final. 

Asimismo, la pareja hace uso de todo lo que tienen a mano para argumentar y contraargumentar. Ambos traen a colación recuerdos, experiencias y hasta anécdotas de amores pasados. Recursos que no sólo sirven para que los personajes los utilicen como armas letales para hacerse daño, sino también para construir y exponer el contexto que llevó a la relación a un punto crítico.

Lo único que a veces puede llegar a sentirse fuera de lugar dentro de la conversación es la crítica al periodismo de cine y a la industria cinematográfica. Levinson plantea problemáticas interesantes que van acompañadas de argumentos sólidos, pero muchas veces se aleja del punto central de la historia que es la relación del Malcolm y Marie. Pareciese que el discurso deja de ser de los personajes y pasa a ser de Levinson. El director comienza a hablar a través de ellos y los utiliza como catarsis para quejarse de todo lo que no le gusta del Hollywood actual y los críticos de películas. 

Un hogar convertido en ring de boxeo

Por otro lado, el escenario presentado es interesante, pues nos vemos anclados únicamente al hogar de los protagonistas. Su disputa se transporta constantemente y se transmite de maravilla gracias a la fotografía que se vuelve aún más atractiva al estar en blanco y negro. El director aprovecha sabiamente todos y cada uno de los recovecos de la mansión donde vive la pareja. Además, no se olvida de que los personajes se encuentran en su santuario privado, por lo que ambos actúan sin filtros y sin miedo a ser juzgados por alguien ajeno.

En medio de la discusión, cuando alguno de los dos se ve acorralado por el otro, el perdedor se aleja a un espacio distinto de la propiedad para pensar su siguiente movimiento. Lo anterior, es interesante, pues se siente como el minuto de descanso que hay entre los asaltos de una pelea de boxeo. Y los actores escogidos para encarnar a los peleadores no pueden ser más acertados, pues tanto Washington como Zendaya nos brindan una actuación extraordinaria y digna de premios.

Una relación creíble

Puede que la película no estuviese cerca de transmitir ese estilo característico con el que Levinson dota a Euphoria, pero aún así es una producción honesta y diferente a todos los dramas de pareja que nos venden hoy en día. Un enfoque distinto como el que presentó Noah Baumbach con Historia de un matrimonio en su día. Lo que hace especial a Malcolm & Marie es la relación tan palpable que nos presenta. No se siente como una disputa prefabricada, sino como una discusión real. Una pelea en la que el espectador puede sentir que ambos son tan culpables como inocentes. Hace casi imposible que la audiencia pueda escoger un bando. Esta cinta nos recuerda que, sin duda, existe una delgada línea entre el amor y el odio.

Por Daniel Cruz M

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'Malcolm & Marie’: en la guerra y en el amor todo se vale
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