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Hajime Isayama lo consiguió, Shingeki no Kyojin es una obra maestra

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Shingeki no Kyojin

(Madrid, 8 de Abril. O’kuroku).- Durante los próximos días todo foro y red social se llenará de opiniones sobre el final de Shingeki no Kyojin o Attack on Titan. Muchos dirán no estar satisfechos con el final, otros les será indiferente y algunos otros dirán que les encantó. Pero a estas alturas, independientemente de lo ocurrido en este arco final y en particular en el capítulo 139, negar la calidad de la obra de Hajime Isayama es ser un ciego. Shingeki no Kyojin es una obra maestra.

Ciertamente, el dibujo de Isayama dejaba mucho que desear en esos primeros capítulos, y aunque mejoró bastante desde 2009, a día de hoy, 12 años después, sigue sin ser un arte impresionante. Pero la fortaleza de Shingeki no Kyojin nunca residió en su dibujo, sino en su guion. Y claramente no es un guion perfecto, como ya comentaré más adelante cuando hable de los defectos de la serie, pero sí que estuvo cerca de serlo.

Shingeki no Kyojin, su visión de la humanidad y su filosofía

Como narrador, la gran fortaleza de Hajime Isayama es su comprensión del lado más oscuro de la naturaleza humana. Por eso en su historia se pueden encontrar temas como la libertad y su naturaleza paradójica, la naturaleza cíclica de la historia y la dificultad para romper las cadenas de la violencia.  

Además, Isayama comprende con claridad meridiana que para lograr que sus personajes resuenen con la audiencia, no pueden ser perfectos, tienen que tener profundas y muy humanas fallas. En Shingeki no Kyojin no hay villanos, solo seres humanos. Y la historia nos ha demostrado las atrocidades de las que es capaz la humanidad. Sin embargo, tendemos a olvidarlo o trivializarlo.

Parafraseando a George Santayana, aquellos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo, no puede haber progreso si no aprendemos de nuestro pasado. Y es por eso que las dos naciones centrales en Shingeki no Kyojin, Eldia y Marley, están condenadas a destruirse. Por desconocimiento o necedad, no han aprendido de sus errores en el pasado. No ven un camino al entendimiento, solo ven la Guerra Total como solución.

En el centro de toda esta historia está Eren Yaeger y en él radica la genialidad de esta obra, en como encarna mejor que nadie los temas principales de la historia y la visión de Isayama de la humanidad. Eren es el personaje más obsesionado con la idea de la libertad y paradójicamente el menos libre de todos. Eren conoce el pasado, pero también el futuro y por eso está atrapado, condenado a cumplir con un rol. Como dijo Kenny Ackerman, todos somos esclavos de algo.

Cuando la historia empieza Eren parece el típico protagonista shonen, inmaduro, violento y con un poder que no comprende. Cuando apenas era un niño ya odiaba la idea de que alguien le arrebatara su libertad (o la de otros) y por eso mató a los asesinos de la familia de Mikasa. Por eso le dijo que luchara, que se revelara.

El ataque de los titanes a Shinganshina y la muerte de su madre no hizo más que reforzar esta actitud suya, pero conforme la historia avanzó y tuvo que ver una y otra vez como sus compañeros morían, su percepción empezó a cambiar. Cuando finalmente llegó al mar junto a Armin y Mikasa luego de acabar con todos los titanes de Paradis, Eren sabía que seguía condenado a luchar, a morir.

Ante la imposibilidad de conseguir un final feliz, de alcanzar la comprensión mutua y la paz, como deseaba el idealista Armin, Eren decidió convertirse en el mal definitivo, para darle una oportunidad a sus seres queridos.  

Insisto, Shingeki no Kyojin es una obra maestra, porque más allá de sus imperfecciones, maneja con particularidad sutileza ideas profundas, sin tomar claramente partido por ninguna de ellas. En la historia convive el utilitarismo y nihilismo de Zeke Yeager, con el idealismo pacifista de Armin, el maquiavelismo resignado de Eren, el estoicismo de Levi Ackerman, etc. Isayama da espacio a diferentes corrientes de pensamiento, sin convertirlo en una lección de moralidad, sino en un ejercicio de pensamiento crítico expresado a través de una historia fascinante que evoluciona de ser una historia en apariencia simple a un drama humano.

Pero simplifiquemos esto y pasemos a enunciar las fortalezas de esta obra.

Las fortalezas de Shingeki no Kyojin

El trio protagonista
  • Su magistral uso de los “presagios” o foreshadowing: Si algo no se puede negar es que Isayama planificó su historia al detalle. Como nos dijeron en Bakuman, existen dos tipos de escritores, los que planifican y los que se dejan llevar. Ciertamente algunos genios consiguen hacer obras maestras gracias a su inspiración, pero en general, creo que las obras planificadas y meditadas son las que mejor funcionan. Hajime Isayama planificó tan al detalle su obra que tenía el final pensado desde hace años. De hecho, la obra gana valor en la relectura, cuando puedes ver todas las pistas que fue sembrando a lo largo de la historia. No hay mejores capítulos para darnos cuenta de esto que el mismo 1er capítulo y el 122.
  • Su desarrollo de personajes: No solo Eren evoluciona en Shingeki no Kyojin. La mayor parte de los personajes en esta obra son tridimensionales y van cambiando conforme avanza la historia. Dentro del núcleo central de personajes, sin llegar a ser protagonista, uno de los ejemplos más sencillos es el propio Jean Kirschtein, quien pasa de ser el típico rival imbécil del protagonista, a uno de los personajes que antes se da cuenta de la futilidad de la guerra. De antagonizar con Eren constantemente a ser uno de los que mejor le entiende, tanto que incluso cuando este pone en marcha su plan genocida, sigue pensando que debe tener alguna razón.  
  • Su relativismo moral y el hecho de que te invita a pensar por ti mismo: Shingeki no Kyojin es una obra que no intenta imponerte su opinión. Es una obra que respeta a su lector y le considera una persona inteligente. Por eso no suele tomar partido claramente ni pintar a un bando como totalmente bueno o totalmente malo. Armin Arlett llega a decirlo claramente, que no le gustaba la idea de llamar a alguien una buena o mala persona, todos somos buenos o malos, dependiendo del punto de vista de los demás. Y es irónico que sea justamente el corazón moral de la obra quien lo diga, quien exponga un concepto relativista. La historia nos presenta perspectivas de vida y filosofías distintas, invitándonos a sacar nuestras propias conclusiones. Aunque en el fondo Shingeki no Kyojin es una historia antibélica, también es una historia que reconoce de forma resignada, que el conflicto a veces es inevitable. Es una historia sobre decisiones difíciles, sobre renunciar a la comodidad por buscar la verdad, la libertad y el precio que tiene.
  • Su capacidad para balancear distintos géneros en su historia: Esto se explica solo. Shingeki no Kyojin puede ser un thriller político, una historia de acción, de aventuras, de venganza. Por momentos es horror de supervivencia, a veces es una historia de misterio. También es una historia de guerra y de kaijuus/mechas. Incluso se permite sus brevísimos momentos de humor, muchos de ellos encarnados en nuestra querida “Chica Patata” Sasha Blouse. Es una historia sobre el amor, sobre la familia, sobre la amistad. Esta obra maestra que se llama Shingeki no Kyojin es también un relato sobre niños convirtiéndose en adultos en un mundo en apariencia sin esperanza, y lo logra de una forma tan exitosa que no me queda más que quitarme el sombrero ante Hajime Isayama.

Pero no todo es perfecto, incluso una obra maestra tiene sus imperfecciones y ahora mencionaré mis pocas quejas respecto a esta historia.

Los pocos defectos de Attack on Titan

La evolución en el arte de Isayama es evidente
  • Su arte es irregular: Ya lo dije al principio, pero debo reiterarlo. El arte de Attack on Titan es bastante irregular. En no pocas ocasiones Isayama tiene un enorme problema con las proporciones de sus personajes humanos. Ciertamente ha tenido una gran evolución, mejorando muchísimo desde sus inicios, pero siempre tuvo una cualidad de boceto, de arte incompleto que nunca logró superar del todo. Si bien es de agradecer que tenga un estilo personal y que su diseño de personajes no caiga en el lugar común de tantos otros manga que parecen una copia de sí mismos, en gran parte de la obra era evidente su inexperiencia. No sé si Isayama tenga otra obra dentro de él después de esta (en alguna entrevista dijo que después de esto no tenía pensado continuar escribiendo manga), pero estoy seguro que si volviera a publicar veríamos un cambio abismal en su arte.
  • Los de Marley son estúpidos: Esta es una queja un poco tiquismiquis pero ¿En qué coño pensaban los de Marley cuando enviaron a cuatro niños y un adolescente recién convertidos en titanes cambiantes a la Isla Paradis sin respaldo militar? ¿Por qué arriesgar a cuatro de sus titanes en esa misión? El plan inicial de recuperar el Titán Fundador no pudo estar peor planificado y de hecho no hizo más que provocar el nacimiento de Eren Yaeger como el vengador de Paradis. Pero obviemos que esa misión como operación militar fue estúpida… Reiner, Bertolt y Annie también son tarados. ¿No había una forma menos ruidosa de infiltrarse? Todo el muro no estaba patrullado constantemente, fácilmente podían infiltrase sin una masacre que habría alertado a la familia real. Pero claro, sin estos «errores» no habría historia.
  • Inconsistencias en el sistema de creación de los titanes: En la obra queda establecido que los titanes son creados a través del poder original que adquirió Ymir Fritz, y que es ella quien convierte en Titán a los Eldianos. Entonces ¿Cómo es posible que los marleyanos se salten ese sistema con su suero? Puede comprenderse en el caso de Zeke, quien es de sangre real y como tal descendiente directo de Ymir, pero resulta menos creíble que pudieran hacerlo antes de Zeke. Esto nunca es explicado, pero sinceramente es una queja menor, es como tratar de racionalizar la magia. Hay que hacer suspensión de la incredulidad y ya está.
  • La total carencia de romance/sexo: Inicialmente no pensaba incluir este punto, porque como Isayama nunca había metido romance en su obra y al final del día esto es muy habitual en mangas shonen, incluso en los que coquetean con el seinen como Shingeki no Kyojin, por poco lo obvío. Pero considerando la importancia que tuvo el amor en la resolución, y que en el fondo siempre la tuvo a lo largo de la obra, Isayama no presentó relaciones que debió presentar, en especial para hacer más valido su final. ¿Imaginan el impacto dramático de la «traición» de Eren y de la decisión final de Mikasa en el capítulo 138 si ellos dos hubieran sido una pareja con todas las de la ley? Aquí Isayama desperdició una oportunidad de oro.

Y ahora, hablemos del final.

El capítulo final, Shingeki no Kyojin 139

Primero déjenme celebrar que soy parte de los que entendieron las intenciones de Hajime Isayama. El capítulo final nos confirma que la teoría de “Eren está haciendo un Lelouch” era la correcta. Esto puede parecer predecible, pero en una obra que tuvo tantos y tantos giros, era evidente que en el algún momento se podría predecir el plan final.

Pero no pienso que esto le reste nada a la obra, al contrario. Es una conclusión lógica para la historia y la manera en la que Isayama decidió narrarlo, aunque claramente tiene mucho de sentimentalismo y nostalgia, me pareció excelente. Incluso un poco poética. Después de muchos capítulos sin poder “entrar en la cabeza de Eren”, finalmente tenemos una explicación clara de su proceso mental, de sus sentimientos y su dolor.

Esto quizás rompa un poco con la imagen del Eren despiadado que a muchos les encantó, pero no hace más que humanizar al personaje. Al final, atrapado en la cárcel de su poder, viviendo al mismo tiempo en pasado, presente y futuro, Eren optó por sacrificar todo para conseguir el mejor resultado posible para los suyos. Aunque curiosamente pone el peso de la decisión final en Mikasa, y como el rechazo de Mikasa a ser feliz con Eren es lo que permite acabar con la historia de los Titanes.

Lo mejor del capítulo final es que nos muestra que Eren explicó al menos a sus personas más cercanas (y a los titanes cambiantes de Marley) sus intenciones antes de la batalla final, solo que hizo que lo olvidarán hasta el momento justo. De esa manera garantizó que lucharan desesperadamente por detener su plan genocida. Así, aunque su felicidad personal estaría pérdida irremediablemente, les daba una oportunidad de seguir adelante sin estigmas.

Al final, Eren ganó. Perdió su vida, pero ganó. Aunque el “Retumbar” no llegó hasta las últimas consecuencias, garantizó a Paradis el tiempo necesario para defenderse… o confió a sus amigos el conseguir la paz. Aun así, Isayama, fiel a su estilo de no responder todas las preguntas, nos deja llenar a nosotros mismos los espacios en blanco. Nos deja decidir quién está en lo correcto y quien está equivocado. El buen arte nos hace reflexionar y es por eso que Shingeki no Kyojin es una obra maestra, nos guste o no.

No me queda más que darle las gracias a Hajime Isayama por el viaje. Fue toda una experiencia.

Summary
Pese a pequeños lunares narrativos y su arte irregular, Shingeki no Kyojin es sin duda alguna una obra maestra que despedimos con tristeza. Gracias Isayama.
90 %
Obra maestra
Calificación del Usuario 4.02 ( 15 votos )
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