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Anti Romance: The end of the f***ing world

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The End of the Fucking World

(Buenos Aires, 13 de Marzo. O’kuroku).– Todas las historias de amor felices se parecen, sin embargo las tragedias tienen cada una su propia impronta. The end of the f***ing world es la adaptación del cómic de Charles Forsman, donde se cuenta la típica historia: dos adolescentes que odian a sus familias, chico conoce chica y… terminan huyendo de la ley. Quizás no tan típica.

James, interpretado por Alex Lawther (Black Mirror), se nos presenta en el primer capitulo como un joven de 17 años que está bastante seguro de ser un psicópata.

James elije a Alyssa como su victima y ella a él como su salvador.

Alyssa siente demasiado: se siente abrumada por su madre, por la responsabilidad, por los esquemas sociales a los cuales la quieren obligar a adaptarse. Busca un alivio de ello. Por eso decide remediarlo acercandose a James e insultando su forma de andar en skate.

James, por otro lado, no siente nada. Desea vertiginosamente sentir algo. Busca la emoción a través de lo físico. El dolor, los golpes, la sangre. Anhela a través del otro, a través de la muerte de otro, anular su propia muerte emocional.

En The end of the f***ing world ambos, en su exposición de carácter opuesto, son una exageración de los dilemas existenciales de cualquier adolescente: encerrados en un pequeño y monótono pueblo con grandes problemas con el deseo ferviente de disidencia y violencia. 

 

Son impulsados por la rebeldía y espontaneidad de Alyssa a robar el auto del padre de James y emprenden un viaje de carretera sin rumbo fijo.

Al transcurrir la trama, podemos observar como Alyssa gana sinceridad (hacia si misma), comprensión y familiaridad con James. Mientras él vuelve a sentirse vivo como no lo hacía desde la última vez que estuvo con su madre.

El factor comico de The end of the f***ing world es precisamente esa búsqueda de lo siniestro en la que se envuelve el personaje de Alex Lawther. Su camino como asesino se ve “frustrado” una y otra vez por las circunstancias, donde graciosamente se encuentra con verdaderos desviados.

El arte de la serie nos permite ver claros homenajes a Tarantino, ya sea desde los flashes sangrientos con esos charcos rojos abundantes o la ropa, cuando James y Alyssa se cambian para despistar a la policía, evocando a los dos asaltantes de Pulp Fiction. También, esos planos tan simétricos y absurdos nos remiten a Wes Anderson.

 

The end of the f***ing world empieza en un pueblo cerrado, diminuto y aburrido para terminar en la adrenalina bestial de los escalados sucesos en la playa, el mar y la ferocidad.

El amor primero es ficticio, como la rebeldía y marginalidad que se auto imponen ambos para escapar de sus vidas diarias. Luego las circunstancias extremas los obligan a ser verdaderamente forajidos que solo se tienen el uno al oro. Pero irónicamente de esa manera parecen liberarse genuinamente de sus traumas.

Su disruptivo viaje de autodescubrimiento causa la inevitable persecución de un dúo de policías lesbianas, una de ellas encausando el duro e inflexible peso de la ley, del superyo, del deber ser; mientras la otra humana y humanizante, buscara la mejor salida para esos adolescentes descarrilados.

La transformación interna explota hacia afuera y eso producirá, finalmente,  el cambio físico, inminente e irremediable.

Por Abril Taker.

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