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El Maestro Hiroaki Inoue asistió a Conversatorio sobre el anime en Lima

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Hiroaki Inoue

(Lima, 19 de octubre. O’kuroku).- Hiroaki Inoue, co-fundador de Gainax y productor de “Perfect Blue”, “Memories” y “Gunbuster”, entre otras, visitó nuestra ciudad y nos brindó un conversatorio memorable sobre la industria del anime.

A simple vista es el típico japonés de mediana edad, regular estatura, algo subido de peso y con una atípica sonrisa siempre en el rostro. Es el “ojiisan” bonachón que muchos quisieran tener en la familia. Lo que muchos ignoran es que su nombre figura en los créditos de obras animadas realmente memorables y emblemáticas al lado de los nombres de muchas leyendas de la industria de la animación japonesa.

Este caballero llamado Hiroaki Inoue se ha dedicado a producir anime desde hace casi cuarenta años, pues empezó a sus lejanos veinticuatro allá por 1978; y se ha mantenido en esta competitiva y a veces despiadada industria sin parar. Además, según nos comentó a aquellos afortunados que tuvimos el placer de oír sus historias, anécdotas y planes, se encuentra preparando nuevos proyectos pues desea impulsar a esta industria “creadora de sueños” hasta que la salud se lo permita.

Nadie mejor que él para contarnos lo que ocurrió y ocurre en la industria, la forma como ha evolucionado este “arte” desde que empezó hace más de cincuenta años y el porqué de la enorme diferencia entre las primeras series animadas japonesas y las series de las décadas posteriores. Posiblemente muchos de ustedes, amables lectores conozcan la historia de la industria moderna del anime, pero para aquellos que no la conocen les contaré lo que Hiroaki-san nos comentó.

Eran los primeros años de la década de los 60 y Japón se encontraba en un franco proceso de recuperación económica. El optimismo se respiraba en el aire y los japoneses trabajaban sin descanso para alcanzar el nivel de bienestar que hoy por hoy gozan; pero no todo era trabajo, pues, así como muchos rubros de la industria se estaban reconstruyendo – léase construcción, automotores, industria naval, agricultura, etc – el entretenimiento no fue ajeno a este proceso. Fue así como hubo artistas como Osamu Tezuka, Hayao Miyazaki y Reiji Matsumoto, entre otros, quienes apuntaron alto ya que su objetivo desde el principio siempre fue Disney. Ellos querían que la industria de la animación japonesa llegara a superar a la estadounidense.

En este caso, Tezuka-sensei fue quien inició la industria pues como mangaka y autor exitoso disponía de cientos de historias originales que animar y sobre todo disponía del dinero necesario para invertir. Lo demás es historia ya conocida por todos, el éxito de “Tetsuwan Atom” fue inmediato y lo que la gente del estudio vio fue que el dinero – en ese entonces – no se encontraba en las emisiones de televisión si no en el merchandise, los artículos que se vendían con la imagen de estos personajes. Aparte de que eran años en donde no existían los “nichos” de mercado y las producciones animadas se hacían pensando en un público mucho más amplio, aunque no necesariamente infantil.

Es así que llegan los 70s y muchos jóvenes que habían crecido con la animación de los artistas y creadores de la primera generación deciden incursionar en esta industria. Nombres como Mamoru Oshii, Satoshi Kon, Hideaki Anno y el mismo Hiroaki Inoue comienzan a ser escuchados en boca de los fans. En palabras del mismo Hiroaki-sensei, ellos son los “abanderados de la generación de Otakus 1.5”. Los primeros fans que comienzan a consumir anime específico aparecen y términos como ecchi, fanservice, pantsu, etc, empiezan a sonar en boca de todos.

¿O es que acaso nadie se fijó en los trajes de vuelo de las chicas de “Gunbuster” o siquiera se “emocionó” por ciertas escenas de series como “Neon Genesis Evangelion”? Como comentó el sensei, no es que no existiese el fanservice en aquel entonces, sino que estaba más “balanceado” con otros aspectos de las historias que atrapaban al público espectador.

Para los 80s esta industria ya se encontraba madura y producía títulos muy buenos, así como fracasos memorables, pero aún dependía de comités de inversionistas. El merchandise dejó de ser tan importante pues la cantidad de producciones era tal que difícilmente podían aprovechar la sinergia de la industria, pero entonces la ayuda llegó de la mano de la tecnología con la entrada triunfal del formato OVA (Original Video Animation) gracias a los hoy obsoletos VHS, BetaMax, Video Disco y Láser Disc.

Ahora los creadores podían liberarse del yugo de la televisión japonesa – que, dicho sea de paso, en palabras del sensei, es una de las más permisivas del mundo – y animar aquello que no podían transmitir en la TV o que no era de interés de los comités de producción, siempre que tuvieran el dinero requerido claro. Es en esta época en que la industria tiene un auge nunca antes visto y el creciente fandom comienza a separarse en “nichos” específicos. Había animación para todos los gustos y el balance entre las obras exitosas y las mediocres era aceptable.

Lo que vino después fueron años de crecimiento pues actualmente Japón, en el campo del entretenimiento (manga, anime, novelas ligeras y juegos), produce lo suficiente para su mercado y el resto del mundo, aunque no veamos el mismo balance de las primeras décadas; pero como mencionó Hiroaki-san es hora de que la industria se enfoque en volver a producir obras para todos y no solo para determinado sector del fandom.

Algo que también nos mencionó Hiroaki Inoue-sensei es que se encuentra en pleno desarrollo de un nuevo proyecto, el cual implica la creación de un estudio de animación japonés fuera del territorio de ese país y que apunta a producir animación para Occidente, Latinoamérica en particular. De hecho, su visita a nuestra ciudad fue gracias a un tour promocional que incluyó Argentina y Chile, además de Perú.

La charla con Hiroaki-san transcurrió de manera muy relajada y lo mejor fue que no hubo tema alguno que dejara de lado pues al final de su conversatorio respondió las preguntas del público acerca de la Industria del Anime. Nos contó que el costo de una serie promedio es de aproximadamente ciento cincuenta mil dólares por episodio; y que este costo es asumido no por el estudio o los estudios que la producen sino por los comités o empresas auspiciadoras del proyecto.

Además, señaló que esas cifras son modestas si las comparamos con lo que cuesta producir una película como “Kimi no Na wa” que fácilmente puede superar los doscientos cincuenta millones de dólares; y que al final todas estas cifras quedan cortas si las comparamos con lo que cuesta producir animación en empresas como Disney o Pixar por citar un par de ejemplos. Mencionó también que muchos animadores se encuentran mal pagados – si comparamos el costo de vida de una ciudad como Tokio – y que esta terrible verdad no ha cambiado ni parece que vaya a mejorar a futuro, lo cual es algo que muchos ya sabíamos.

De igual forma señaló que la animación japonesa es una de las mejores del mundo pues tiene un alto grado de calidad y eficiencia sumado a un bajísimo costo; el cual es asumido por profesionales que trabajan prácticamente por amor al arte; por lo que si queremos seguir disfrutando de esta industria debemos, en la medida de nuestras posibilidades, ver nuestras obras favoritas a través de los canales oficiales licenciados. Eso sí, el Sensei reconoció la importancia del fenómeno fansub en el resto del mundo (y muy en especial en nuestra región latinoamericana); ya que gracias a estos grupos y a la facilidad que Internet proporciona, el anime japonés se ha convertido en un fenómeno mundial, algo que ni siquiera sus mismos creadores llegaron a imaginar en su momento.

Ante la infaltable pregunta “¿Cuál es la obra que más problemas le causó como productor y profesional de la animación?” el Sensei simplemente comentó que responder a eso es imposible pues todas las series, películas e historias que ha producido le han causado problemas. Para mencionar un ejemplo, “Memories” estaba proyectada para ser terminada en dos años y demoró cuatro; sin embargo, indicó que en todas y cada una de ellas disfrutó la gran oportunidad de haber trabajado con profesionales geniales y totalmente dedicados a su trabajo.

Por último, nos agradeció por haber asistido a su presentación y haberle permitido contar sus experiencias. Además, señaló que le alegra el hecho de saber que lejos de casa existen personas que siguen su trabajo y que mantienen encendida esa llama del anime gracias a su apoyo incondicional.

En lo personal, me siento muy feliz y agradecido de la simple experiencia de haber podido verle, escucharle y sobre todo del privilegio de conocer en persona a una verdadera leyenda de la industria de la animación japonesa. Desde estas humildes líneas mis agradecimientos a los organizadores, en especial a Renato Rivera (sociólogo y experto en la cultura japonesa) quien fungió de traductor y quien está trabajando con el Sensei como socio en sus nuevos proyectos. También a José Antonio Vilca de la revista peruana Kancha (quienes trajeron al Sensei); y a la gente de la Asociación Peruano Japonesa en Lima que proporcionaron las facilidades del caso para disfrutar de este grato y entrañable encuentro.

Muchas gracias.

Por alphaser (@alphaser)
Fotos Cortesía de Kancha.

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